Proyecto Agropecuario “San Francisco”: una experiencia franciscana en el espíritu de la Encíclica Laudato Si’

Hermanos, queremos compartir un proyecto que la “Custodia Santa Clara de Asís” está realizando en Mozambique, África. Precisamente, el lugar es Jécua, una localidad situada en el centro de Mozambique, de unas 200 hectáreas de tierra fértil, es el mismo lugar donde los antiguos misioneros portugueses han trabajado con mucho esmero en tiempos pasados.

Por decisión del Capítulo custodial estamos trabajando en dicho Proyecto, siendo necesario que nos ayude a la autonomía financiera y que éste, sea expresión de una experiencia franciscana en el sentido más profundo del término. Experiencia franciscana, por estar animada por tres hermanos de la Orden, porque anhelamos ir construyendo la misma con los valores que San Francisco nos dejó como medulares en nuestra vivencia carismática. De modo especial, queremos subrayar que sea expresión del respeto reverente y cuidadoso de la creación, que es nuestra casa común y, de los vínculos fraternos con todos los seres.

Como sabemos, uno de los rasgos más sobresalientes de la espiritualidad de San Francisco es su agudo sentido de la presencia de Dios en la creación y en la historia del hombre. Las cosas creadas adquieren un valor simbólico tal, dado que toda la creación constituye un lugar natural de revelación. El santo de Asís tiene la conciencia de que todo el universo ha sido creado por Dios y que todos los seres, racionales e irracionales, constituimos una fraternidad cósmica. La razón está dada porque todos tenemos un mismo origen en el único Padre Creador.

Con esta inspiración, deseamos hacer del Proyecto de Jécua, un verdadero reservorio de espiritualidad franciscana en el espíritu de la Laudato Si, expresado en el trabajo manual de los hermanos, que siempre es una gracia y posibilidad cotidiana. En los vínculos que queremos establecer con las personas que trabajan con nosotros y, por el cuidado reverencial que queremos hacer de este espacio franciscano.

Los proyectos productivos en el campo agrícola y pecuario, deseamos que sean administrados con una economía solidaria, los mismos ayudarán a la Custodia vaya logrando una autonomía financiera y, a su vez generadora de alternativas para las familias de la zona.

En un momento en que la pandemia del COVID-19 nos encuentra a toda la humanidad en una tormenta común, reconocemos que esta tormenta la sufren muy especialmente los que tienen barcos más frágiles y pequeños. Pequeñas embarcaciones que muchas veces buscan nuevos horizontes llenas de inmigrantes.

Nuestro proyecto nace en este contexto y, pretende romper con la lógica asistencialista con la que se llevan adelante muchos proyectos en Mozambique; en donde se estructuran propuestas que obligan a depender siempre de recursos y ayudas externas. El presente proyecto genera recursos y alternativas por sí mismo, actuando según una lógica emprendedora de desarrollo de iniciativas y acciones locales.

Como parte central y corazón de nuestro proyecto tenemos el espacio de unas 15 hectáreas, las que serán dedicadas a una Reserva natural, con el objetivo de que animales pequeños como gacelas, conejos y otros, puedan habitar serenamente allí. Este lugar también tiene una zona que los lugareños consideran “sagrado” y, donde realizan algunas ceremonias tradicionales y ritos antiguos. Por tanto, será un espacio que cuidaremos especialmente y, que llamaremos “San Buenaventura”, para que su teología de la sacramentalidad de todo lo creado nos inspire y recuerde que toda la creación está preñada de la presencia de Dios y de sus huellas.

La hermana agua, que escasea en gran parte del año en estas latitudes, necesitamos traerla desde las cumbres de las montañas que nos rodean. Ya lo hicieron los antiguos misioneros y, por tanto, también lo podemos hacer nosotros. El entorno, que es de una belleza particular por las montañas y la vegetación nos remite al Bello. Como el biógrafo nos narra sobre la experiencia de San Francisco: “En las hermosas reconoce al Hermosísimo; cuánto hay de bueno le grita: El que nos ha hecho es el mejor” (2 Cel 165). En Jécua, ¡todo grita Su presencia!

El horizonte de nuestro proyecto es amplio y ambicioso, imaginamos en un futuro no muy lejano, una escuela de formación agrícola y pecuaria, un restaurante para compartir nuestros productos reconocidos por su cuidado natural y franciscano.

Estamos construyendo la casa donde los tres hermanos responsables podamos habitar, con criterios del uso de energías renovables. Soñamos con un Convento futuro, con un ermitorio, donde podamos recibir hermanos para reposo e renovación espiritual y que quieran trabajar y rezar con nosotros por algún espacio de tiempo.

Nos acompaña un lema expresado en cuatro verbos: “Sembrar, recoger, compartir e involucrar”. Los dos primeros implican la gracia del trabajo de los hermanos y de las personas de la zona, quienes podrán obtener también esta gracia, que dignifica a la persona y las familias. Compartir es el fruto maduro de la fraternidad. Y, finalmente, involucrar, porque queremos ser puente entre los que más tienen o los que menos tienen.

Es evidente que cuando la creación es percibida como sacramento, como manifestación y camino hacia Dios, nos vemos obligados a transformar nuestra relación de dominación y poder, en una relación de reverencia y respeto a todo lo creado. Y en un compartir solidario de los regalos que Dios nos da.

Y, como gustaba afirmar Mons. Angelelli, mártir de la Rioja (Argentina): Hay que seguir andando nomás”.

Fr. Jorge Alberto Bender Weidmann, OFM
Misionero en Mozambique

 

Habilidades

Publicado el

16 agosto 2020

1 Comentario

  1. Marina Fiorino Sierra

    Contigo hermano, contigo!

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